Llega el viernes y la idea de dormir, ver series y pasar de la cama al living parece la más viable y gana por unanimidad. Llega el domingo a la noche y, cansados en extremo, descubrimos que nada de lo planificado pasó: nos visitan mis padres, vemos amigos, hacemos compras y limpiamos la casa. Esos son nuestros nuevos fines de semana. Y todo pinta que van a seguir así.
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